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ALFA
Y OMEGA
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por Jaime Barba -
Era una
noche triste
- tan
tristemente negra - ,
que era
el cielo una sombra, y era la sombra misma
cual
la endiablada boca de una endiablada fiera.
Por mis
ojos pasaron
- como
cintas eléctricas -,
mil recuerdos
perdidos con voces diferentes,
como
si fueran piedras.
Hablaron
mis pupilas - ausentes y lejanas -
buscando
sin descanso como si fuera un ciego,
[donde la luz comienza;
pero el empeño
inútil me estranguló los ojos,
[me estranguló la clave,
igual que
una protesta,
porque
mis ojos iban por el camino corto
donde
la luz no cuenta.
¡Cuánto
horror en mis manos!
¡Cuánto
grito en mis venas!
¡Cómo
amaba mi sangre,
... la
pobreza ... !
Entonces
tomé rumbo por el camino largo
sembrado
de zarzales, de espinos y de breñas,
para
ver si llegaba
en donde
amanece el sueño entre espirales ciegas.
Y fue
un girón de angustias el que trazó mis pasos,
en la
intrincada selva,
porque
al llegar al punto donde termina el Cero,
una muralla
enorme, de ennegrecida puerta,
me cerraba
el camino,
¡ése
camino largo por donde jamás se llega!

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