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LO
IMPENETRABLE
-
por Jaime Barba -
I
Llego
hasta ti, ¡oh inmenso mar de los misterios
[impenetrables !
¡Escuchar
quiero tu voz, nacida del fondo iris
[de tus antenas altas !
Sin nombre
y sin palabras.
¡Con
la salvaje música del trueno
y el
estridente espanto de la infernal borrasca!
II
Mar enjaulado
en los abismos boscos,
y que
siempre lograste, peleando a dentelladas,
pulverizar
la roca
con tus
enormes lenguas encrespadas;
convertirlas
en cavernas,
y, arrasarlas;
y, luego,
cansado, cansado,
por colosal
batalla,
reposar
en la orilla
que transformaste
en playa.
III
Mar alquimista
de los mensajes recios,
el que,
a veces - enorme - desciendes y te alzas,
y lo
mismo que en un vientre maduro,
-
convulsionado - estallas:
hoy acudo
de nuevo a dialogar contigo:
¡Oh,
mar de mis abuelos... concédeme la palabra!
IV
¿Por
qué, en el silencio de esas tus noches negras,
te rindes
y descansas?
¿Por
qué, en esos los abismos de tu estremecida
[y ancha vida,
que comenzó
en la nada,
por siglos
y milenios
tu caudal
nunca falla?
¿Por
qué, en la tormenta, cuando mugir se siente
[al trueno,
y la chispa,
y el rayo, al fusilar tu torso,
se apagan?
¿Por
qué, en dilatadas furias como indomable fiera,
que apenas
si se cansa,
al torpe,
pigmeo ignaro, que se ha llamado hombre,
le estrujas,
le oprimes; y, al final, le aplastas?
¿Quién
tu furor acalla?
¿Quién
te engendró la fuerza que persiste?
¿Quién
tu soledad fantasma?
V
Del fondo
de los tiempos me acerco a ti de nuevo;
- con
la sal en los labios y una sed en el alma -
y al
mirar a la cumbre de tu enorme grandeza,
no encuentro,
no atrapo, la justa palabra:
¿Rendirte
homenaje?
¿Caer
a tus plantas
en pos
de un misterio
que nunca
se alcanza?
VI
¿Ni
en aquel el verso, ágil, apasionado y loco,
que se
clavó en mi sangre como raíz en siembra
igual
que una daga?
¿Qué
apuñaló la sombra como una sombra misma,
en siembra
y semilla desesperada?
¿El
verso amigo, el verso terso, y transparente
[como una lágrima?
VII
Y es que
no puedo, ¡oh mar inmenso!,
hallar
la respuesta en esas mis torpes fugaces
[palabras;
y es que
lo inmenso de esa tu recia y enorme grandeza
[nos viene del cielo;
¡que
es tan inmenso como la pena que hoy me taladra;
cuando
me llegan recuerdos de ayeres:
¡la
voz de mi Patria!

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