R E V E R S O

-  por Jaime Barba  -





Tenía un no sé qué cuando el acento
se hacía manantial en sus palabras;
tenía un no sé qué que parecía
la elegancia de un cisne, cuando andaba.

Tenía la presencia de un suspiro,
y en sus ojos, mensajes de una ráfaga.

¡Era bella y transparente,
como un agua... ¡clara!

Y era tanta la dulzura de sus ojos
(¡era tanta!)
que al mirarla frente a frente
regresaba la esperanza,
y las viejas cicatrices ...
¡se borraban!

¡Era algo ... como un trino,
como un trino que se alarga!

¡Era, sí, como un beso que se duerme en una rosa
y le roba a los rosales su fragancia!
¡Era toda como un ruego,
como un ruego cuando salta;
tan ansiosa como gota
que se escapa!

Y su boca la promesa de un anhelo
que encendieran los anhelos como ascuas.

¡Era toda como un pozo de profundas inquietudes!

Y, a pesar de tanta estirpe y tanta gracia;
a pesar de todo eso ...
¡Era ... mala!

 

 

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