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I I
-
por Jaime Barba -
A la orilla
del mar:
besos
desgarrados,
túneles
hambrientos,
palabras
que esconden su significado,
negras
agonías agazapadas,
preguntan
sin respuestas,
peces
ardiendo de lujuria,
sismos,
estaciones
en donde nunca los trenes
detienen
su marcha;
laberintos
de sombras,
desordenadas
voces que se han muerto,
sueños
de pasadas glorias,
corazones
partidos en dos
por el
hacha de los descontentos;
minúsculas
casas vacías
en donde
las palabras se hacen trizas
y los
cuerpos desnudos repican como campanas,
y el
barco de los miedos pasa con su carga
de muertos.
A la orilla
del mar:
Ciegos
reclamos de palabras azules,
solitarias
gaviotas que graznan
soñolientas;
cubil
de ilusiones dolorosas;
cuerpos
desnudos,
sexos
sedientos,
horribles
pesadillas de olas que agonizan,
rostros
sin sonrisas,
tristes
y desbordadas caricias del
corazón;
y, de
pronto,
la tristeza
sin nombre:
¡Los
perturbadores orígenes del tiempo;
y yo...,
recogiendo
caracoles en tus senos...!
¡A
la orilla del mar!

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