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-  por Jaime Barba  -



Te digo adiós
como quién dice:  pronto.
Como se dicen palabras sin sentido
cuando acechan reclamos
desde las mismas sombras

¡Tú eres como la ola que rechazó
la arena, Polimnia!

En ti se conjugan todos
los misterios del alma.

Y el por qué de ese blanco
de tus dos palomas blancas.

Para poder amarte
recogí de tus playas
caracoles azules,
madreperlas heladas.

¡Dame de mis recuerdos
un torbellino de luces azoradas
y te haré con mis brazos
caminos de esmeraldas.

¡Y tú, como un cisne que cruza,
me darás la esperanza!

¡Mírame como quien mirase
en sus noches de ensueños
y estrellas apagadas,

horizontes lejanos,
y puertos sin escalas:
y verás como crezco en la tierra
salobre de mis horas amargas!

(¡Oh, mi adorada!)

¡Amame como se ama una sombra
de alegrías pasadas,
y sabrás como el tiempo
se detiene en tus manos,
se detiene en tu rostro,
se detiene en tu alma!

¡Amame como se ama
un recuerdo, una cita,
unas lentas pisadas,
un paisaje remoto y perdido
en donde la luz se apaga;
como se ama un sueño,
como quien dice:  nada!
Y te hablaré de versos,
de jazmines y lirios...,

¡Y de lágrimas!
 
 


 

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