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I V
-
por Jaime Barba -
Mujer:
crucifícame
los ojos
o arranca
de mi corazón
madreperlas
de sueños.
Tuyo es
el poema
en estas
mis marejadas
de angustias
cuando
todo es ceniza,
cuando
todo se precipita
rugiendo
por un
cauce de sombras.
Mujer:
Para
tus ojos tristes
mi manantial
de anhelos,
y las
palomas que te solté una noche
para
besar tus hombros,
para
besar tu cuello.
¡Por
Dios!
Y esas
manos tuyas que me acariciaron
el corazón
como
un susurrar de hojas.
Cuando
todo haya muerto,
cuando
sólo ceniza quede;
cuando
en tus labios
la palabra
amor
no tenga
sentido...
Busca,
en los
caminos solitarios,
una flor
de desamparo
o un
suspiro en el viento.
Entonces,
Polimnia,
mujer:
Me hallarás
en las sombras
de los
ríos sedientos,
en las
nubes que pasan,
en la
sangre de un verso,
o en
los besos sin mancha
que me
queman por dentro.

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