X I V

-  por Jaime Barba  -



Mujer:
crucifícame los ojos
o arranca de mi corazón
madreperlas de sueños.

Tuyo es el poema
en estas mis marejadas
de angustias
cuando todo es ceniza,
cuando todo se precipita
rugiendo
por un cauce de sombras.

Mujer:
Para tus ojos tristes
mi manantial de anhelos,
y las palomas que te solté una noche
para besar tus hombros,
para besar tu cuello.

¡Por Dios!

Y esas manos tuyas que me acariciaron
el corazón
como un susurrar de hojas.

Cuando todo haya muerto,
cuando sólo ceniza quede;
cuando en tus labios
la palabra amor
no tenga sentido...

Busca,
en los caminos solitarios,
una flor de desamparo
o un suspiro en el viento.

Entonces, Polimnia,
mujer:

Me hallarás en las sombras
de los ríos sedientos,
en las nubes que pasan,
en la sangre de un verso,
o en los besos sin mancha
que me queman por dentro.
 
 


 

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