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X V
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por Jaime Barba -
Hay ríos
tercos preñados de resabios.
Caballos
ágiles que mastican soledades.
Arenas
fatigadas
que no
rechazan el recuerdo
de los
cuerpos desnudos,
ni luz
que soporta el empuje
brutal
de las tinieblas.
El beso
es una manzana visionaria.
El persistente
rumor del mar
atrapa
los latidos de la tierra
que son
como bocas que sonríen
en tanto
las tempestades del alma
silencia
corazones.
Cuando
la muerte ronda
la vida
no es otra cosa que la ruta
que siguen
las caravanas del olvido.
Cuando
el odio paraliza los nervios
el corazón
arrastra marejadas de iras.
Sueño
que el sueño no tiene sentido;
que la
palabra se hace trizas
cuando
se escarba en las raíces del árbol
que indaga
el por qué del sereno
silencio
de los astros.
Borrascosamente,
la lluvia,
señala
el camino de los presagios.
El llanto
de los niños se va perdiendo
cuando
el viento solloza entre los pinos.
Como una
casa vacía
el cielo
se queda sin luz
cuando
la mar se viste de harapos.

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